A veces hay que decirlo todo
para que puedan entender que sientes
y no es fácil, si no mientes,
explicar que necesitas estar solo.
En la fina línea que separa
la simple queja de la descortesía,
baila el convaleciente en cama
el dulce tango de la hipocresía.
Y las nubes dieron paso al sol,
las vi correr en la ventana
mientras mis ojos quemaban
arco iris de un solo color.
Pude gritar cien veces pero no quise,
en lugar de agriar el aire
voy dando vueltas a los naipes
descansando las quejas en cojines.
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domingo, 26 de julio de 2009
martes, 23 de junio de 2009
CERRANDO LOS OJOS
Tengo puesta la ecobola en la lavadora,
mientras a lo lejos suenan los clarines y timbales
como si fuesen flautas desafinadas.
Después de tanto tiempo se ha perdido el rumbo
y la pequeña brújula ya no marca el norte,
pero lo que antes eran grandes lecciones
de molinos y gigantes son cheques ahora,
no de jeques, de la élite del deporte.
Y quién nos va a contar como son las cosas,
y quién nos abrirá los ojos en estos días
tan aciagos, raros se retuercen los desterrados,
los oprimidos, los desheredados sin la guía
de los guías en cualquier pueblo abandonado.
Y qué más da si aun queda un cateto más
que nos traslade a otras épocas más castas,
tan desorientado queda sin su flauta
y sin su guía, que no podrá hacernos daño,
tanta paz conserves como indiferencia
me produces, no despeinaré tu pelo engominado
con el aceite de tu Davidson.
Y aunque a voces cuenten que somos tontos
los ineptos que queremos ser protagonistas,
podemos alzar nuestra voz para cantarles
que los silencios saben mejor que sus risas
de hipocresía. Muera la melancolía.
En fin se van cerrando ya los ojos
para dejar de verlos, ganado extraño.
mientras a lo lejos suenan los clarines y timbales
como si fuesen flautas desafinadas.
Después de tanto tiempo se ha perdido el rumbo
y la pequeña brújula ya no marca el norte,
pero lo que antes eran grandes lecciones
de molinos y gigantes son cheques ahora,
no de jeques, de la élite del deporte.
Y quién nos va a contar como son las cosas,
y quién nos abrirá los ojos en estos días
tan aciagos, raros se retuercen los desterrados,
los oprimidos, los desheredados sin la guía
de los guías en cualquier pueblo abandonado.
Y qué más da si aun queda un cateto más
que nos traslade a otras épocas más castas,
tan desorientado queda sin su flauta
y sin su guía, que no podrá hacernos daño,
tanta paz conserves como indiferencia
me produces, no despeinaré tu pelo engominado
con el aceite de tu Davidson.
Y aunque a voces cuenten que somos tontos
los ineptos que queremos ser protagonistas,
podemos alzar nuestra voz para cantarles
que los silencios saben mejor que sus risas
de hipocresía. Muera la melancolía.
En fin se van cerrando ya los ojos
para dejar de verlos, ganado extraño.
domingo, 24 de mayo de 2009
RUIDOSO DOMINGO
Podría ser una de esas cartas al director, sección populista, populosa de los periódicos que hoy respeto un poco más que ayer. Ya que soy director, editor y redactor de este blog, me permito el lujo de ser el lector que también envía su carta de queja a la mencionada sección.
Llevo un buen rato ya con la sangre algo revuelta. El día comenzó a las 7 de la mañana, como muchos domingos en el maldito pueblo de Guadix, con ruido de campanas. El din don se repitió hasta las 12 con frecuencia cadenciosa. Para los ateos que tenemos que respetar, por aguacates, las tradiciones de los católicos, es fenomenal que las campanas suenen tan alegres desde tales horas el día de descanso semanal. Muchas veces comenté con amigos que si yo hiciese lo mismo con una sirena vestido de anticristo, me detendría la guardia civil en pocos momentos y por supuestísimo el pueblo entero se congratularía de ello, que se cree el irrespetuoso ese, los jóvenes de hoy en día no respetan nada.
Pero cuando los feligreses de 100 kilómetros a la redonda ya habían asistido a los oficios en respuesta al reclamo de las campanas, los vecinos de escalera tuvieron a bien brindarme con 40 minutos de gritos de niños, viejos y padres que entraban y salían de la puerta vecina. No pretendo buscar explicación al comportamiento humano, en general, pero de ahí a que tengamos que enterarnos todos del menú dominical creo que va un abismo.
Parecía que todo se había calmado, craso error amigo Víctor, los vecinos del edificio de enfrente, como es natural, propio y costumbre en ellos comenzaron a deleitar al personal con ritmos tan diversos y sensibles como el regeeton (como narices se escriba) y el melódico Camela. No mencionaré los gritos, palmas y jaleo en general que se escucha en la calle, ya estoy anestesiado. Pero no quedó ahí, previo paso por unas canciones de Camarón (al que escucho en la intimidad), tocó el turno del Arrebato, nunca un nombre fue tan apropiado, no mencionaremos la profundidad de sus letras, el timbre de su voz y la melodía exquisita de sus canciones, simplemente me quejo de tener que escucharlo por cojones, así de fino.
A estas horas voy que trino, no puedo quejarme a nadie, con la iglesia hemos topado, mis vecinos de puerta se han ido y los de enfrente... en fin, protejo mi integridad física. Tan solo me falta el partidito de fútbol por la noche, con los consiguientes golpes en los portalones de los garajes.
Conclusión: el trabajo es salud, y además me pagan por los ruidos.
Llevo un buen rato ya con la sangre algo revuelta. El día comenzó a las 7 de la mañana, como muchos domingos en el maldito pueblo de Guadix, con ruido de campanas. El din don se repitió hasta las 12 con frecuencia cadenciosa. Para los ateos que tenemos que respetar, por aguacates, las tradiciones de los católicos, es fenomenal que las campanas suenen tan alegres desde tales horas el día de descanso semanal. Muchas veces comenté con amigos que si yo hiciese lo mismo con una sirena vestido de anticristo, me detendría la guardia civil en pocos momentos y por supuestísimo el pueblo entero se congratularía de ello, que se cree el irrespetuoso ese, los jóvenes de hoy en día no respetan nada.
Pero cuando los feligreses de 100 kilómetros a la redonda ya habían asistido a los oficios en respuesta al reclamo de las campanas, los vecinos de escalera tuvieron a bien brindarme con 40 minutos de gritos de niños, viejos y padres que entraban y salían de la puerta vecina. No pretendo buscar explicación al comportamiento humano, en general, pero de ahí a que tengamos que enterarnos todos del menú dominical creo que va un abismo.
Parecía que todo se había calmado, craso error amigo Víctor, los vecinos del edificio de enfrente, como es natural, propio y costumbre en ellos comenzaron a deleitar al personal con ritmos tan diversos y sensibles como el regeeton (como narices se escriba) y el melódico Camela. No mencionaré los gritos, palmas y jaleo en general que se escucha en la calle, ya estoy anestesiado. Pero no quedó ahí, previo paso por unas canciones de Camarón (al que escucho en la intimidad), tocó el turno del Arrebato, nunca un nombre fue tan apropiado, no mencionaremos la profundidad de sus letras, el timbre de su voz y la melodía exquisita de sus canciones, simplemente me quejo de tener que escucharlo por cojones, así de fino.
A estas horas voy que trino, no puedo quejarme a nadie, con la iglesia hemos topado, mis vecinos de puerta se han ido y los de enfrente... en fin, protejo mi integridad física. Tan solo me falta el partidito de fútbol por la noche, con los consiguientes golpes en los portalones de los garajes.
Conclusión: el trabajo es salud, y además me pagan por los ruidos.
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